Como los globos de colores, azul, naranja y verde: El “activismo” de apariencia por el “hueso”
En Puerto Vallarta, la Jefatura de Diversidad S3xual se encuentra bajo la lupa. No solo por la falta de resultados tangibles en materia de derechos humanos y políticas públicas para la comunidad LGBT+, sino por la forma en que su actual titular, Héctor Ramírez Betancourt, ha transformado la institución en un escaparate de actividades superficiales que, lejos de responder a las necesidades reales, parecen diseñadas para la foto y la autocelebración.


La última muestra es un “Taller de Decoración de Globos” programado del 25 al 29 de agosto en el Parque Lázaro Cárdenas. El evento, promovido como un espacio de “creatividad, inclusión y respeto”, invita a elaborar estructuras de látex de colores. Una actividad que, para muchos, roza lo absurdo frente a la v1olenci@, discursos de odi0, d1scrimin@ción, transfem1nicidi0s, terapias de c0nversión y retos en salud que enfrenta la población diversa en Vallarta.
Pero el problema no es solo la frivolidad. También es la politización y el uso del cargo como plataforma personal para conseguir el famoso “hueso”. Ramírez Betancourt no es un recién llegado: su historial lo ubica como un activista que ha pasado por prácticamente todo el espectro político local. Primero en las filas del PAN, luego en Movimiento Ciudadano y ahora alineado con el Partido Verde. Este tránsito de colores partidistas, siempre acompañado de aspiraciones y protagonismo, levanta preguntas legítimas:
¿La Jefatura de Diversidad está al servicio de la comunidad o del proyecto político en turno de su titular?
Mientras en otras ciudades las oficinas de diversidad s3xual trabajan para obtener presupuesto y ejecutar programas contra los crim3nes de odi0, la discriminación laboral o el rezago en salud integral, en Vallarta la agenda parece anclada en eventos que no generan cambios estructurales. La omisión se maquilla con actividades que se ven bonitas pero que no incomodan a nadie (empezando por sus patrones políticos en turno), lo cual tampoco resuelve nada.
La diversidad no se defiende con globos, sino con leyes aplicadas, presupuesto suficiente, políticas públicas efectivas y voluntad política real. Cada peso gastado en una actividad sin impacto es un peso menos para atender a víctimas, prevenir violenci@ o garantizar igualdad de oportunidades.
El riesgo de esta dinámica es doble: por un lado, se diluye la función institucional en actos simbólicos de bajo costo político; por el otro, se erosiona la confianza de la comunidad, que termina viendo la Jefatura como un instrumento más de intereses personales para vivir del erario y no como una herramienta para su defensa.
La pregunta es inevitable: ¿para quién trabaja la Jefatura de Diversidad? Porque si la respuesta es “para la proyección política de su titular con miras al siguiente color de hueso”, entonces la institución no solo está inflando globos… también está inflando egos y apariencias, mientras la comunidad sigue esperando resultados reales.
