Equipo nuevo… después de 15 años. La precariedad normalizada en el Ayuntamiento de Vallarta

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En política, los gestos simbólicos suelen presentarse como grandes logros. La reciente entrega de herramientas al personal de la Dirección de Servicios Eficientes del Ayuntamiento de Puerto Vallarta es un ejemplo claro; un acto que el gobierno municipal exhibe como “dignificación laboral”, pero que al mismo tiempo revela una realidad más incómoda sobre la administración pública local.

Durante la entrega, un trabajador lo dijo sin rodeos: “En 15 años solo dos veces nos habían entregado equipo nuevo”. La frase, pronunciada frente a autoridades y representantes sindicales, resume una problemática estructural que va más allá del acto protocolario. Si en tres lustros el personal encargado de mantener parques, jardines y espacios públicos apenas ha recibido herramientas en dos ocasiones, la pregunta inevitable no es sobre la entrega de hoy, sino sobre las omisiones de ayer.

El alcalde Luis Ernesto Munguía González destacó que la entrega de equipo busca dignificar el trabajo de quienes mantienen en orden la ciudad y agradeció la labor del personal tras los hechos del 22 de febrero, cuando participaron en labores de limpieza y recuperación urbana. Sin embargo, la narrativa oficial choca con la propia evidencia que emergió durante el eventOo, trabajadores que durante años han operado con herramientas deterioradas o insuficientes.

Desde el sindicato, la secretaria general Lucía Edith Curiel Peña subrayó que también se logró un aumento salarial directo del 10% y mejoras en apoyos como la canasta básica y transporte, un incremento que calificó como histórico a nivel estatal. Es un dato relevante e importante logro para el sindicato, pero aún falta mucho más para acabar con la precariedad acumulada que los propios trabajadores describen del ayuntamiento.

El caso expone una paradoja recurrente en la política municipal, acciones que deberían ser rutinarias (dotar de herramientas adecuadas al personal operativo) terminan convirtiéndose en eventos públicos que se presentan como conquistas extraordinarias.

Mientras el gobierno habla de dignificación, la voz del trabajador recuerda otra historia, la de un aparato municipal que durante años operó con carencias básicas. Y cuando lo básico llega, quince años después, la celebración inevitablemente deja una pregunta en el aire, ¿esto es avance… o simplemente la corrección tardía de un abandono prolongado?

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